jueves, 6 de marzo de 2014

LA FELICIDAD… ¿ES POSIBLE?


El famoso sociólogo estadounidense Vance Packard dijo: “Cada día progresamos un poco más, pero cada día somos un poco menos felices”.  Ese parece ser el común denominador de la gran mayoría de las personas que buscan con afán la esquiva felicidad.
Es lamentable la concepción lúgubre que muchos tienen con respecto a la vida. Rodneyn Dangerfield resume bien esa actitud apática al decir que la vida es un tazón lleno de huesos. En un tono similar, Edna St. Vincent Millay, poetisa lírica y dramaturga, decía: “No es verdad que la vida sea una condenada cosa tras otra… Es la misma cosa una y otra vez.  Por su parte, el escritor y poeta Henry David Thoreau afirmó en una de sus frases: “La gran mayoría de las personas llevan vidas de callada desesperación”.

En declaraciones más rudimentarias y menos poéticas, millones de personas en el mundo manifiestan de diversas maneras su infelicidad.
¿Qué es la felicidad? ¿Es posible ser felices?

Para entender qué es la felicidad, primero que todo debemos descartar los falsos conceptos que a lo largo de los años la gente se ha hecho. Séneca decía: “Todo mundo aspira a la vida dichosa, pero nadie sabe en qué consiste”.
En primer lugar, la felicidad no consiste en ausencia de problemas. Todo depende del enfoque que le demos a las cosas. No debemos mirar los problemas como enemigos que amenazan nuestra felicidad, sino más bien como oportunidades para crecer y madurar. Jhon Neal decía: “Le viene bien al hombre un poco de oposición. Las cometas se levantan contra el viento, no a favor de él”. Por su parte decía Renán: “Los golpes de la adversidad son amargos, pero nunca son estériles”.

En segundo lugar, la felicidad no está en un lugar. El conocido y ya fallecido historietista Charles Shultz, nos muestra, en una de las tiras cómicas Peanuts, el diálogo entre Lucy y Linus, dos de sus personajes:
LUCY. - ¿Vez esa colina? Algún días subiré a esa colina y encontraré la respuesta a mis sueños… algún día subiré a esa colina y encontraré la felicidad. Creo que para mí, todas las respuestas de la vida están más allá de esas nubes y sobre las verdes laderas de esa colina.

LINUS. – Tal vez haya otro niño del otro lado de esa colina que mira para este lado y piensa que todas las respuestas para su vida están de este lado de la colina.
Muchas personas son como Lucy. Son presa del sueño americano. Dedican toda su vida y esfuerzos para mudarse de país, porque piensan que allá serán felices. Puede que en otros lugares haya mejor clima, oportunidades de empleo, y posibilidades de una mejor calidad de vida, pero también es cierto que en esos lugares también  existe gente con problemas y con un corazón vacío como en cualquier otro lado. Hay tanta felicidad disponible donde estamos ahora, como en cualquier otro lado.

En tercer lugar, la felicidad no está en la abundancia de bienes que se tiene.
¡Oh, si tan solo ganara el premio de la lotería, sería la persona más feliz del mundo! Las personas buscan acumular bienes a como dé lugar, porque piensan que de esa manera serán felices.  Para lograrlo, están dispuestos a ser deshonestos si es necesario. Hacen del dinero su dios, y a él rinden tributo y culto.

Salomón fue uno de los hombres más ricos y poderosos que existieron. Experimentó todo cuanto su alma anheló. Amontonó riquezas y nunca tuvo falta de ningún bien. Pero terminó confesando que todo eso era vanidad. Todos sus tesoros, lujos y comodidades, no pudieron llenar el vacío de su corazón. Napoleón Bonaparte tuvo fama, gloria y poder e incluso riquezas. Y sin embargo, al final de sus días, confinado en la isla de Santa Elena, confesó: “Jamás he conocido seis días felices en mi vida”.
“La convicción de los ricos, de que los pobres son felices, no es menos tonta que la de los pobres que piensan que los ricos lo son” (Laurence Johnston Peter)

Son muchas las citas que se pueden hacer, pero la palabra final la tiene Jesús quien dijo: “La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15) y “¿Qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? (Lucas 9:25)
En cuarto lugar, la felicidad no está en el placer. Para algunos, la razón de sus vidas se encuentra en la obtención y disfrute de los placeres que el mundo les proporciona. Su filosofía de vida es: “come, bebe, y regocíjate porque mañana moriremos” (1Corintios 15:32). ¡Qué desperdicio! Al final, todos los placeres juntos serán insuficientes para llenar el vacío de sus corazones. Las escrituras afirman: “El mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 1:17)

“El placer es la felicidad del cuerpo; la alegría es la felicidad del alma. No te contentes con los placeres, pues no te saciarás nunca”. (Anónimo)
¿Qué es entonces la felicidad? ¿Dónde podemos encontrarla?

No es fácil dar una definición de la felicidad, pero los que la experimentan saben que consiste en una alegría auténtica que palpita en el alma, y que mantiene el corazón en un estado de contentamiento. Tal estado no depende de las circunstancias ni de las condiciones del entorno, sino que es el fruto de una relación estrecha con el Creador. La felicidad está presente en la vida que es gobernada por Dios. El apóstol Pablo declaró: “He aprendido a contentarme, cualquiera sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. (Filipenses 4:12-13)
La actitud del apóstol Pablo es más que una simple resignación. Es la expresión viva de alguien que ha aprendido a confiar en Dios y que tiene la seguridad de que pase lo que pase, su vida está en las manos de Dios.

En las conocidas bienaventuranzas, Jesucristo muestra el camino hacia la verdadera felicidad. “Bienaventurados (o felices) los pobres en espíritu” (Mateo 5:3), es decir, felices los humildes.  ¿Por qué son felices los humildes? Porque mientras los orgullosos que no reconocen a Dios en sus vidas viven vacíos, el que es pobre en espíritu reconoce su necesidad espiritual y sacia su alma en Dios y se torna feliz.
Jesús también dijo: “Bienaventurados los que lloran” (Mateo 5:4). Pero, ¿Cómo puede alguien sentirse feliz mientras llora? La felicidad no está en el llorar, sino en la sensibilidad que demuestra tener el que llora ante el dolor ajeno o ante una falta propia. Quien es capaz de llorar con el infortunado y tenderle una mano de ayuda fraternal, será más feliz que el que vive egoístamente para sí mismo.

En las siguientes bienaventuranzas Jesús considera felices a los mansos, los justos, los misericordiosos y los pacificadores; personas que por su virtud y empatía mantienen relaciones saludables con su prójimo, lo cual les proporciona abundante gozo y paz. Aprender a introducirse debajo de la piel de los demás para entenderlos, tolerarlos y amarlos, es el mayor logro que persona alguna puede alcanzar. Semejante actitud se convierte en una fuente continua de gozo y felicidad, sencillamente porque nos ubica en el centro de la voluntad de Dios que es: “amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos”.
Nathaniel Hawhorne dijo: “la felicidad es una mariposa, que si la persigues, siempre está justo más allá de tu alcance; sin embargo, si te sentaras en silencio podría posarse sobre ti”. Yo añadiría que no es sentarse pasivamente a que llegue, sino a forjarla por medio de una vida de amor, de obediencia y confianza en Dios.

Por último, ¿Es usted feliz?
Según Nietzsche el  ser humano no fue concebido para la felicidad, sino que está destinado a sufrir. Según Jesús, usted puede ser una persona feliz. Para ello, debe abandonar sus débiles métodos que hasta ahora sólo le han proporcionado insatisfacción, y colocar a Dios como fundamento de su vida, porque fuera de él no existe la felicidad. Otorgue a Dios el primer lugar de su vida, ríndase a él, aprenda a amarlo y a obedecerlo. Entonces, experimentará una vida dichosa y significativa.

Y recuerde, la felicidad implica relaciones correctas con nuestro Creador y actitudes nobles hacia el prójimo.

sábado, 27 de julio de 2013

CRISTIANOS INTEGROS: AMÉRICA LATINA LOS NECESITA HOY

Publicado Por Ediciones PUMA - 2010
Los desafios De Ser Cristianos En América Latina Hoy
Premio Letra Viva

Un análisis de la condición  del cristianismo en América Latina, sus pecados más comunes: el sincretismo religioso, la idolatría, el legalismo, el activismo, el sensacionalismo, y la importancia de la integridad cristiana para contrarrestar estos pecados.


Cuando se trata de determinar el estado moral de una nación, se ha de tomar como referencia, los siguientes parámetros bíblicos:
1.    “Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová” (Salmo 33:12)
2.    “Esta es la nación que no escuchó la voz de Jehová su Dios, ni admitió corrección”.  (Jeremías 7:28)
La desconfiguración moral que se vive en la mayoría de los países latinoamericanos, refleja que nos encontramos dentro del segundo parámetro.
Tanto en el plano político, como en el económico y social, Latinoamérica enfrenta profundas crisis que no podemos callar, mucho menos disimular.
Por doquier vemos los efectos devastadores de tal condición: la niñez, que en su habitual estado de inocencia, experimenta los crudos golpes de la injusticia social; el mal alcanzando niveles insospechados; la pérdida del afecto natural de que habló el apóstol Pablo; el liderazgo utilitario de un gran porcentaje de nuestros gobernantes; la ausencia de los principios bíblicos, que arrastra a nuestra sociedad moderna a la degradación.  Por todas estas cosas y por muchas más, no puedo evitar que mi alma se duela y haga cuestionamientos.
América Latina, ¿Qué te está pasando? ¿Qué te ha arrastrado a tu actual estado de pobreza? ¿Por qué hay tantos niños en tu seno sufriendo el abandono, el hambre, el analfabetismo, y el abuso? ¿Por qué tus ciudades están tan llenas de violencia? ¿Por qué hay tanta corrupción en tus gobiernos? ¿Por qué hay tanta confusión y miedos en tu interior? ¿Por qué hay tanto, irrespeto por la vida, y tanto desprecio por la verdad? Sé la respuesta. Quizá todos la sabemos. Estás espiritualmente enferma. El virus de la enfermedad ha penetrado en todos tus estamentos. Esa es la razón de la injusticia social que reina en tus tierras, y peor aún, de nuestra indiferencia.

domingo, 30 de septiembre de 2012

EL TRÁGICO HECHO DE CONTRISTAR AL ESPÍRITU SANTO

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”. Efesios 4:30

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En cada acto divino el Espíritu Santo está presente ejecutando la Palabra de Dios y llevando a fiel cumplimiento los eternos designios que se gestaron en el seno de la trinidad. Estuvo presente en la creación; en la encarnación, ministerio y resurrección de Cristo; en el nacimiento y expansión de la iglesia; y en la actualidad ejerce el maravilloso ministerio de enseñar, guiar, consolar, edificar y preparar a la iglesia para la venida del Señor.

No se requiere mayor esfuerzo para darse cuenta que la iglesia actual es totalmente distinta a la iglesia del primer siglo en todos los ámbitos: gobierno, adoración, vida comunitaria, dones espirituales, predicación, consagración y servicio. ¿Qué ha marcado la diferencia? La iglesia primitiva era una iglesia saludable que se caracterizaba por vivir sometida al señorío de Cristo; por contar con una genuina llenura del Espíritu Santo y una exuberante manifestación de poder, señales, milagros y prodigios que le acompañaban en la predicación de la palabra de Dios. Era una iglesia santa, guiada y controlada por el Espíritu Santo, que ejercía su papel de ser sal de la tierra y luz del mundo, y que tenía plena conciencia de que estaba de paso en este mundo.

martes, 18 de septiembre de 2012

EL HOMBRE DE DIOS

“Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre” 1 Tim.6:11


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"A.W. Tozer - Un Hombre de Dios". Así dice en forma sencilla el epitafio grabado en la tumba de Aiden Wilson Tozer (21 de abril 1897- 12 de mayo 1963) reconocido pastor cristiano estadounidense, predicador, escritor, editor de revista, y conferencista bíblico.

No hay un título con mayor dignidad que éste. Todos los títulos humanos que el hombre pueda lograr carecen de valor si no puede decirse de él como dijo Pablo de Timoteo:Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas…

Un hombre de Dios no es necesariamente el orador habilidoso y carismático que persuade a las personas para sacar provecho de ellos o para enseñorearse sobre ellos. No es el que hace alarde de poder. Un hombre de Dios no es el que atrae las miradas sobre sí mismo. El hombre de Dios no es el que busca ser servido; no es el que reclama privilegios y trato preferencial; no es el que se enriquece esquilando las ovejas. A un hombre de Dios no lo hace una mera apariencia de piedad.
¿Quién es, entonces, un hombre de Dios?

J. Collantes, citado por Mathew Henry dice: “El hombre de Dios es un hombre que tiene una misión celestial, por razón de la cual está unido con Dios con un vínculo de pertenencia y de proximidad que, al par que le comunica una buena especial, le obliga a llevar una conducta singularmente ejemplar[1]

Esta definición es completa. Es bíblica. Contiene tres características cruciales que definen a un verdadero hombre de Dios, las cuales serán el bosquejo que desarrollaré en el presente ensayo:

1)    El hombre de Dios está unido con Dios con un vínculo de pertenencia y proximidad
2)    El hombre de Dios tiene una misión celestial
3)    El hombre de Dios tiene la responsabilidad de llevar una vida ejemplar.